Los estándares GRI: ¿qué son y por qué son importantes?

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Desde hace dos décadas, son el modelo más utilizado por las empresas para reportar la información no financiera. Te contamos todo sobre los estándares GRI.

El 80% de las compañías en todo el mundo publica información sobre su estrategia de sostenibilidad. Es decir, hace un ejercicio de transparencia para explicar cuál es el impacto de sus actividades sobre el entorno económico, la sociedad y el medioambiente. Y los estándares GRI siguen siendo, a día de hoy, el modelo más empleados por las compañías para elaborar los reportes de esa información no financiera. Así se desprende del informe The KPMG Survey of Sustainability Reporting 2020, elaborado por la consultora KPMG en base a una encuesta en la que participaron 5.200 organizaciones de 52 países.

Existen diversas iniciativas para estandarizar cómo se mide el desempeño de una compañía en cuanto a criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG). ¿Por ejemplo? El IR (Integrated Reporting Framework); el SASB (Sustainability Accounting Standards Board), los TCFD (Task Force on Climate-related Financial Disclosures), el IIRC (International Integrated Reporting Council), los IFRS (International Financial Reporting Standards) o el CDP (Carbon Disclosure Project). Sin embargo, los estándares GRI representan, desde hace más de dos décadas, las mejores prácticas para reportar las cuestiones de sostenibilidad y la mayor parte de las empresas se basan en ellos.

Un poco de historia

Los estándares GRI fueron creados por Global Reporting Initiative, una institución que nació en Boston (Estados Unidos) en 1997, de la mano de las ONG CERES y Tellus Institute con la colaboración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

La semilla del organismo fue una tragedia ecológica: en marzo de 1989, el petrolero Exxon Valdez encalló en Alaska y vertió al mar 37.000 toneladas de crudo que afectaron a 2.000 kilómetros de costa. La catástrofe potenció el derecho medioambiental y, además, la sociedad comenzó a exigir a las empresas una mayor transparencia en asuntos de sostenibilidad.

Los estándares GRI son los que la mayoría de las empresas toma como referencia para elaborar las memorias de sostenibilidad, los informes integrados y los Estados de Información No Financiera.

En el 2000, Global Reporting Initiative publicó las directrices GRI. Era la primera vez que se creaba un marco de referencia global para realizar el reporte de sostenibilidad. En 2001, la institución se convirtió en un organismo independiente y sin ánimo de lucro y su sede se trasladó a Ámsterdam. Durante las décadas siguientes, las directrices se fueron desarrollando hasta que en 2016 pasaron a convertirse en las primeras normas mundiales para la elaboración de informes de sostenibilidad.

En la actualidad, hay 38 estándares GRI divididos en bloques. Los tres primeros son universales; es decir, deben ser usados por todas las compañías que reporten su información no financiera. Son el 101 (Fundamentos), 102 (Contenidos generales) y 103 (Enfoque de gestión). Mientras, los estándares GRI numerados con el 200 corresponden a los asuntos económicos; los 300, a ambientales; y los 400, a aspectos sociales. De estos tres últimos bloques, cada compañía debe elegir para sus reportes aquellos que se relacionen con sus asuntos materiales. Puedes descargar los estándares traducidos al español aquí.

¿Por qué son importantes?

Los estándares GRI son los que la mayoría de las empresas toma como referencia para elaborar las memorias de sostenibilidad, los informes integrados y los Estados de Información No Financiera (conocidos por sus siglas EINF). Estos son los documentos más utilizados por las organizaciones para reportar sus datos de sostenibilidad.

Pero, ¿por qué es importante publicar la información no financiera? En primer lugar, porque es necesario cumplir con la normativa vigente. En España, la mayoría de las organizaciones está obligada a reportar su información no financiera conforme a la Ley 11/2018, de 28 de diciembre.

Además, una compañía que hace este ejercicio de transparencia genera confianza entre sus Grupos de interés e inversores; ahorra en costes (al hacer un mejor uso de los recursos); se anticipa a los posibles riesgos derivados de asuntos medioambientales o legislativos; crea productos y servicios más alineados con las nuevas exigencias de los clientes; y mejora la imagen frente a la sociedad.

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