El bonsái del señor Miyagi

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Miguel Sánchez-Ocaña
Miguel Sánchez-Ocaña

Front-End Lead - Codólogo

Proceso, orden y método. Sygris propone un nuevo enfoque en metodología ágil adaptado a nuestro modelo de negocio, diseñado para nuestro framework. 

Ya lo dijo el señor Miyagi cuando Daniel le birló el bonsái del acantilado para venderlo y los malos de la película lo rompieron por la mitad: “Tú no preocupar, Daniel-San, fuerza de bonsái en raíz. Si raíz fuerte, bonsái sobrevive”. (Ponedle acento de Okinawa para mayor énfasis). 

El señor Miyagi tenía razón. Lo decía sin alardes y con la paz interior del que posee la verdad absoluta mientras volvía a regar el maltrecho bonsái para “refactorizarlo”. 

En el mundo del desarrollo de software sucede lo mismo, pero en vez de bonsái, tenemos una aplicación; en vez de raíz, tenemos el código sobre el que está construido.  

Repita conmigo: ¡Viva el progreso!” 

Vivimos en un mundo acelerado, en el que nos han obligado a comprar el concepto de obsolescencia programada. Nos han abierto las fauces, nos han colocado un embudo y nos han invitado a deglutir este mecanismo mercantil sin pestañear.

“Trague y sonría, caballero, y repita conmigo: ¡Viva el progreso!». 

El señor progreso nos ha vendido un ciclomotor de última generación de esotéricas prestaciones. ¡El último grito en avances, oiga! La “new agile eco motorbike”. Y nosotros paseamos orgullosos sacando pecho, quemando rueda por las calles porque somos modernos y en el carenado pone “agile”, aunque cada año tengamos que acudir al taller porque, si no, nuestro flamante vehículo, no sube cuestas. 

Antiguamente te comprabas un ciclomotor y te duraba más años que Yoda -otro sabio calvo como el señor Miyagi, que sabía que las prisas conducían al lado oscuro-, pero hoy en día, ese modelo de negocio ancestral está prácticamente extinto porque el mercado exige que el producto caduque. 

La obsolescencia programada en el software se inicia en el momento en que el fabricante obliga a los consumidores a pagar por la actualización de versiones de su programa informático para poder seguir gozando del mismo sin fallos. Este modelo se traslada inevitablemente al código, devaluando su calidad en base a su efimeridad y acercando las aplicaciones al reverso tenebroso de la deuda técnica. 

Como buenos filósofos de la programación, deberíamos hacernos algunas preguntas: ¿Queremos seguir con este modelo?, ¿estamos en condiciones de cambiarlo? En Sygris creemos que sí; por eso, nuestra herramienta, no tiene versiones y evoluciona de forma continua día a día, como el bonsái del señor Miyagi. 

El camino iniciático hacia la nueva metodología ágil

De estos axiomas, subyace la pregunta candente: ¿Cómo regamos un software para que sus raíces crezcan sanas y fuertes? La respuesta es, a la vez, simple y compleja: con una metodología apropiada para ese software específico. 

Actualmente contamos con un amplio abanico de metodologías ágiles para el desarrollo de proyectos, concebidas por tecno-eruditos anglosajones curados de espanto de la rigidez inherente a las metodologías en cascada. Ser ágil está de moda. Ser ágil es lo más, ¡y que les zurzan a los procesos!  ¡Dale a tu cuerpo alegría, McArthur! 

Este paradigma funciona de perlas si eres teutón, nipón o anglosajón, gente ordenada por naturaleza y cultura, pero pierde efectividad en el mundo latino porque ya somos ágiles de por sí. Somos abiertos, comunicativos y, casi todos, miembros del excelso club “que documente Manoli, que yo soy desarrollador”. Por eso necesitamos mucho proceso, mucho orden y mucho método. Y esa, precisamente, es nuestra propuesta en Sygris: un nuevo enfoque en metodología ágil adaptado a nuestro modelo de negocio, diseñado en exclusiva para nuestro framework. 

El canon 3D.

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